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Jesús Montesinos
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Las claves son los ingresos

Escrito por Jesús Montesinos el 1 de Octubre de 2011

El conseller José Manuel Vela sentenció por fin esta semana donde está la piedra filosofal de todos los presupuestos de la Generalitat para los próximos años. En los ingresos. Después de hablar de austeridad, ajustes y eficacia en la gestión, el responsable de la Hacienda autonómica apostó mayores decisiones “a ver cómo van los ingresos”. Y es que locos por los cuatro euros que suponen los recortes se nos olvida que sin ingresos resulta imposible mantener el compromiso de no tocar sanidad o educación. Pero Vela lo sabe.

Aun suponiendo que el Gobierno central avale la deuda autonómica, como también pide el presidente de la Cierval, José Vicente González. Y suponiendo que en un alarde de generosidad Madrid transfiera lo que debe a la Comunidad Valenciana. E incluso sumando los ahorros que deriven de apretarse el cinturón. Con todo esto junto no se alcanza lo suficiente para pagar los 20.000 millones de déficit que tiene la Generalitat o los 3.000 que acumulan los ayuntamientos de la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacer?

Lo primero, como dice el presidente Fabra, es no creerse un miniestado y reorganizar la administración autonómica a tope. Pero aun así para equilibrar todo eso hace falta un crecimiento económico sostenible que permita mayores ingresos en las arcas de la hacienda pública (central, autonómica o municipal) sin subir desmesuradamente impuestos y tasas. Y esos ingresos fiscales para el 2012 y 2013 son los que están ahora en cuestión. Como mucho las previsiones los fijan en algo menos que en el 2011, con lo cual ni se puede pagar el gasto corriente, hacer inversiones y mucho menos amortizar deuda. Es un círculo perverso, porque las previsiones para el PIB de la Comunidad son deprimentes, por mucho que queramos revestir los datos de colores.

El destacado economista Nouriel Roubini (que anunció la crisis en 2007) insiste que ya estamos entrando de hecho en una recesión global. Con la caída del consumo interior en España y el efecto que esta recesión tendrá sobre nuestras exportaciones, es evidente que vamos a una atonía en el Impuesto de Sociedades, IRPF e incluso en el IVA. Menos actividad económica supone menos contribución fiscal. Y por lo tanto menos ingresos disponibles en las administraciones.

De ahí la insistencia de Vela de vigilar los ingresos. Eso es la clave porque es una variable de difícil control político. Los gastos pueden ser motivo de ajustes, de excelencia en la gestión y hasta de supresión, como deja claro Alberto Fabra en su mensaje regeneracionista. Pero los ingresos dependen de la actividad económica. Y eso puede alentarse, apoyarse y hasta incentivarse desde el Palaú de la Generalitat con mayores inversiones. Pero está unida a movimientos globales. Por mucho que se prime la exportación o el empleo, las empresas valencianas no venden más y contratan más gente si no hay demanda para sus productos y servicios.

Hay un trabajo a hacer, que obviamente pasa por cambiar modelos de gestión en la burocracia autonómica y municipal. Abaratar costes es algo muy común en la empresa privada y desconocido en la función pública. No en vano ya decía esta semana en las Cortes el conseller de Educación, José Ciscar, que un estudiante valenciano en una escuela concertada cuesta unos 3.000 € y en una escuela pública más de 6.000 €. ¿Mejor educación? ¿Más profesores? ¿Más medios? No. Simplemente eficacia en la gestión.

Eficacia y excelencia en la gestión pública, pero también tener en cuenta que para que exista la administración (política social incluida) empresas y familias deben contribuir con sus impuestos. Y si la economía no repunta lo demás es un brindis al sol.

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Crecimiento o recortes

Escrito por Jesús Montesinos el 25 de Septiembre de 2011

Poco a poco va quedando claro que el debate es solo uno. Crecimiento con déficit o recortes para pagar la deuda. Hay posiciones encontradas en el seno de los gobiernos mundiales, en Madrid y por supuesto en el Consell de la Generalitat o en los grandes ayuntamientos. Los hay partidarios de meter la tijera y quedarse quietos hasta aliviar la deuda. Y los hay que estiman que si no se dedica dinero a la inversión no habrá crecimiento y seguiremos estancados. Hay una tercera vía que consiste en volver a los mercados a pedir financiación. Otra cosa es que esos créditos se consigan.

El debate aparece en toda su crudeza en el G-20 y en las reuniones de los ministros europeos de finanzas a las que suele acudir un enviado de Obama. Los norteamericanos probaron la receta Keynes tras la Gran Recesión y quieren repetir la apuesta. Europa es más conservadora (o está más agobiada) y primero quiere limpiar los números rojos. Pero lo cierto es que estamos metidos en una perversa espiral de la que no salimos, con la seguridad de que sin crecimiento seguirá creciendo el paro, caerá el consumo y la economía está quedando paralizada.

El ejemplo más claro es el de una familia. Ingresa 2.000 € al mes y la mujer está en el paro. Con ese dinero tiene que pagar la hipoteca, la comida, las clases de inglés del hijo mayor, los gastos del coche y algún extraordinario. Total 2.500 € después de apretarse mucho el cinturón. El déficit les come las entrañas y andan con una continua pelota con el banco para que no ser intervenidos. La solución es montar una tienda en un bajo comercial que heredaron de la madre de ella. Tendría trabajo la mujer y la hija. Y seguro que saldrían adelante. Pero no pueden asumir esa inversión. ¿Qué hacen? ¿Continúan la lenta agonía hasta que el banco se quede la casa y la familia quede destrozada? Pues trasladen ese ejemplo a las finanzas mundiales, a la Generalitat o cualquier empresa del polígono de al lado.

Juan Cámara, videpresidente de Cierval para infraestructuras, tiene claro que la alternativa son las inversiones en obra pública. Es la única fórmula segura para crecer y generar empleo a corto plazo. Ramón Congost, director general de AIDICO, también reclama créditos para la obra privada. ¿Pero quién aporta el dinero para las inversiones o la construcción? Los consellers Vela y Verdeguer han explicado claramente esta semana en las Cortes que los recortes van a ser muchos e importantes. Si no se recortan los gastos no hay posibilidades de hacer frente a los 20.000 millones de deuda, como dice el responsable de Hacienda, que aporta le necesidad de emitir bonos avalados por el Reino de España.

Y Verdeguer habla de algo muy importante. Eficacia en el gasto. Hay pues un primer paso: La familia consigue reducir sus gastos mensuales a 1.900 €, con hipoteca incluida. Quedan entonces 100 € para montar la tienda y dar trabajo productivo a la mujer y una hija. Y quizá en un par de años aliviar la deuda familiar. Pero para eso hay que asumir esa eficacia en el gasto, cenar en casa los sábados por la noche y trabajar más y mejor. Lo malo es que eso que nuestra familia lo tiene claro no es asumido por la burocracia autonómica (y también la municipal). Y si no hay esa eficacia en el gasto (en todo el gasto, incluidos los sociales) malamente habrá dinero para las inversiones necesarias para crecer y crear empleo. Al final resulta que todo es una cuestión de prioridades y valores.

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Una idea que tiene forma de tren

Escrito por Jesús Montesinos el 17 de Septiembre de 2011

Con fuerza ha entrado en nuestra agenda el Corredor Mediterráneo. Cada día hay un par de reuniones de muy alto nivel y cada semana se conoce un detalle más de lo que será la infraestructura más importante de nuestra historia desde que los romanos hicieron la Via Agusta, 1.500 kilómetros desde Cadiz a los Pirineos, atravesando toda la Comunidad Valenciana. Pero el Corredor Mediterráneo no es solo una gran infraestructura, que lo será. Es también una idea sobre la que pivotará el urbanismo, la industria, la agricultura y hasta las ciudades valencianas de los próximos cien años. Es una idea en forma de tren.

La vía Augusta ya modeló en su momento el urbanismo del litoral, comunicando Cartagena, Sagunto y Tarragona. Era una autopista hacia Roma, pero también un eje radial al que se abocaban todas las conexiones del interior de la Península. Pasearla ahora es comprobar lo listos que eran los romanos. Puertos, ciudades y agricultura pivotaban alrededor de la Vía Augusta. La Autopista del Mediterráneo (A-7) siguió siglos más tarde el mismo itinerario y provocó hace treinta años una serie de cambios sociológicos, económicos y urbanos que modernizaron muchas áreas de la Comunidad Valenciana. Ford no sería imaginable en Almusafes sin la Autopista de peaje.

El Corredor Mediterráneo está llamado en este siglo a cumplir mayores dinámicas que en su momento fueron estas dos infraestructuras. Evidentemente es una gran obra de ingeniería, porque de alguna manera hay que dar entrada por el sur a soportes ferroviarios para atender cercanías, media velocidad, mercancías y Alta Velocidad, cada servicio con sus propias necesidades técnicas. Aparecerá pronto un gran debate territorial sobre por dónde deben transcurrir esos diferentes soportes y tendremos que soportar todo tipo de inclemencias y caprichos. Pero es un tema menor. A estas alturas la ingeniería tiene resueltos muchos inconvenientes físicos que hace solo veinte años eran difíciles. Ahí está la paralización que sufrió la A-7 para cruzar el Mascarat.

Lo importante es la función del Corredor. La cartografía humana de la Comunidad Valenciana abundará durante los próximos años en los cambios que se observan. En el sur se está creando una gran zona urbana entre Murcia, Elche y Alicante, que supera las barreras administrativas y políticas. La gente va y viene por dónde le interesa, sin que le frenen fronteras trazadas sobre un mapa. El mejor ejemplo es Ikea de Murcia, que recibe la mayor afluencia de clientes de Alicante.

El catedrático José Vicente Boira, que explicó estas tendencias a los empresarios de cinco comunidades mediterráneas reunidos el día 14 en la Cámara de Comercio de Valencia, destaca también la región urbana de Valencia que se está creando en el triángulo Gandía-Requena-Castellón. De hecho el tráfico de cercanías entre los ángulos de este triángulo hacia el centro y viceversa rompen todas las tentaciones pequeño cantonalistas. Como dice Boira, la geografía política tendrá que adaptarse a la geografía económica.

Estas tendencias sociológicas avanzan irremediablemente y el Corredor Mediterráneo deberá tenerlas en cuenta, pero también las impulsará hacia la conformación urbana del litoral. Muchas carreteras quedarán sin sentido y las zonas logísticas tendrán que situarse al lado de puertos y estaciones modales del corredor de mercancías. Por ello el debate entre Denia y Ondara sobre dónde debe ir una estación es una puerilidad.

Y cambiará nuestro modelo productivo. La entrada masiva de mercancías desde Oriente por nuestros puertos nos convertirá de nuevo en comerciantes. Y la proximidad de los mercados europeos impulsará sectores y empresas que ahora son impensables. Y estos son solo algunos de los grandes cambios que alberga una idea que tiene forma de tren.

Las tijeras de podar

Escrito por Jesús Montesinos el 10 de Septiembre de 2011

Esta semana unas 250.000 familias llevaron sus hijos a las escuelas de Primaria de la Comunidad Valenciana. Y al menos una de cada cinco familias está en el paro y vive del subsidio o de la suegra. Otra familia de cada cinco sobrevive en la economía sumergida. Y como es normal unos y otros han tenido que apretarse el cinturón y recortar todo lo recortable de sus gastos fijos y variables. Imaginen la sorpresa de esas familias cuando se encuentran con que en media España los maestros están montando una bronca porque les pasan de trabajar veinte a veintidós horas lectivas, manteniendo sus sueldos.

Las familias y empresas españolas llevan cinco años sufriendo la crisis en sur carnes. Es cierto que todos alargamos el brazo más que la manga y nos metimos en deudas imperdonables. Unos compramos un piso de más, un coche más grande y muchas empresas se metieron a promotores o cambiaron una maquinaria sin tener amortizado el anterior modelo. Por eso ahora sufrimos las consecuencias de tanto desmán con mucho paro, suspensiones de pagos y otros sacrificios eternos. Agobiados, cada uno en su casa o en su empresa utiliza masivamente las tijeras de podar. No hay más remedio que quedarse sin el aperitivo de los sábados.

Cinco millones de parados y cientos de empresas cerradas son el recorte que sufre la sociedad civil. Sin embargo hablamos del recorte del gasto en la administración y a media España se le ponen los pelos de punta. ¡La hecatombe! ¿Cómo van a despedir funcionarios? ¿Cómo van a reducir la platilla de contratados? Pues como pasa en la sociedad civil. No es deseable para nadie, pero si yo me quedo sin aperitivo el sábado un maestro debe trabajar cuantomenos veintidós horas electivas. Entre otras cosas porque el futuro de mi hijo depende de ellos y viven de mis impuestos.

Hay una caída en picado del impuesto de sociedades y otros impuestos que mantienen los presupuestos de todas las administraciones del estado. Y si la Generalitat Valenciana dejo de ingresar el año pasado más de dos mil millones por la caída de estos conceptos, lo más normal es que tenga que recuperarlos vía reducción del gasto y de incrementar la productividad de todos los servicios necesarios. No hay otra solución, porque recurrir a la deuda permanentemente te aboca a pagar unos intereses que incrementan geométricamente el problema. Si las familias recortan sus gastos porque bajan sus ingresos, la administración política debe hacer lo propio.

Y si se hace bien y racionalmente el efecto será menor, aunque curiosamente cualquier empleado público entiende que cierre la tienda de la esquina si no vende, pero no asume que pueda pasarle lo mismo. Y pasa. Ahí está Pilar de la Horadada con una reducción del 15 por ciento de su plantilla o la quiebra del ayuntamiento de Calp, con una deuda impagable de 70 millones de Euros.

Con la que va a caer en 2012 la tijera de podar va a estar al orden del día. Aun más. Con la previsiones de FUNCAS respecto al conjunto de la economía española y las alarmas de la directora general del Fondo Monetario Internacional respecto a la recesión mundial, hay dos graves conclusiones. Va a caer aún más el consumo y subirá aún más el paro, procedente fundamentalmente de las platillas públicas. Pero hay que aplicar las tijeras de podar o dejar de pagar servicios y sueldos cuantomenos superfluos o al año que viene estaremos como Grecia o peor. El corralito acecha.

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No me quiero ir de vacaciones

Escrito por Jesús Montesinos el 30 de Julio de 2011

Con la que está cayendo más de la mitad de este país se marcha hoy de vacaciones y aplaza todo hasta septiembre. Cualquier gestión, cualquier cobro, un empleo previsto, un negocio a empezar o las reestructuraciones políticas, todo queda para septiembre. Da lo mismo la magnitud de la crisis porque nos vamos un mes de vacaciones. ¿Cómo puede un país bajar la persiana durante treinta días a sabiendas de que en septiembre aún estaremos peor? Curiosamente este año solo los políticos se quedarán sin vacaciones y porque preparan la campaña para el 20 N.

Pero nos vamos de vacaciones. Y no quince días que es la media que se cogen en esos países donde están los pérfidos mercados que nos agobian. No. Nosotros un mes. Treinta días para paellitas, siesta y hasta algunos afortunados un crucero y un par de viajes. Y es que por ahí fuera no saben vivir. Cuando la prima de riesgo llegue a los 400 puntos básicos nos cogerá bajo de una higuera y con el botijo bien fresquito, porque no tenemos dinero para pagar la hipoteca pero nos sobra tiempo para coger treinta días de vacaciones. ¿Y qué pasa? ¡Pura envidia!

Por eso al discurso del catedrático Javier Andrés (www.decigarrasyhormigas.com) sobre los grandes cambios que han de hacerse para salir de la crisis le falta una valoración de la idiosincrasia española. Sufrimos el paro más grave de la historia de España y está tocado de muerte gran parte de nuestro tejido productivo, pero usted no me cambie la hora del almuerzo, el mes de vacaciones o la casa en Jávea. Por eso los grandes inversores ponen más alto el precio del dinero que nos prestan y, como explica una empresa valenciana de bioquímica, piden el traslado a Brasil o Argentina de las industrias españolas que acuden al mercado mundial de capitales. Nos odian por nuestro magnífico nivel de vida.

Es el gran reto que tienen por delante los políticos del perfil de Alberto Fabra que ahora están gobernando en Galicia, Baleares, Catalunya o el País Vasco. Ya no se trata de ahorrar 700 millones de euros como anuncia el presidente de la Generalitat Valenciana. Es que tienen que enfrentarse a un cambio total de la mentalidad ciudadana sobre derechos y deberes. Los españoles estamos dispuestos a atarnos el cinturón hasta cierto punto en cuestiones nuestras. Pero que no nos toquen nuestros derechos: ir al médico cuando nos pica un dedo, tener un botiquín en casa y disfrutar de dos meses de vacaciones al año entre agosto, puentes, fiestas patronales y demás. ¡Ah! Y uns bous al carrer pagats per l´ajuntament.

Hemos de asumir nuestros deberes. Y ahora tocan solo quince días de vacaciones, producir más y mejor y hacerlo todo por menos dinero. Pero a esos deberes no estamos muy dispuestos. Siempre es cosa de otros. Por eso preferimos alimentar la deuda que recortar unos derechos que hemos conseguido acunar en la sociedad del bienestar hasta convertirlos en inviables. Y si seguimos teniendo todos un mes de vacaciones al año (más puentes y festivos), ¿podremos pagar esa deuda? Ni la deuda de los mercados ni la hipoteca. Pero vivimos de puta madre.

No asumimos la gravedad de la crisis. Y por eso nos vamos un mes aunque sea con un botijo a cuestas. Y por eso el empleo solo crece a 70.000 personas por trimestre (¿Cuántos años tendrán que pasar para recuperar los 5 millones de parados?). Y por eso la mejora en el impuesto de sociedades y el IVA son absorbidas por el pozo de nuestros gastos superfluos.

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La dura tarea de tomar decisiones

Escrito por Jesús Montesinos el 23 de Julio de 2011

El presidente de la Generalitat, Francesc Camps, tomó esta semana una decisión trascendental: dimitir de su cargo para defender su inocencia. Una dura decisión en un país en el que no se dimite ni de muerto. Al fin y al cabo tomar una decisión es una tarea ardua de la que todo el mundo huye. Nadie quiere divorciarse aunque se lleve de pena con la pareja. Nadie quiere dimitir de un cargo en el que sufre. Y, por supuesto, nadie despedir a un empleado o irse de un trabajo.

Pero aunque huyas llega un momento en el que mires donde mires solo a ti te corresponde tomar esa trascendental decisión. La de dimitir o la de tener un hijo. Lo malo es que muchas veces las decisiones se toman tan tarde que generan dolor en lugar de alivio. ¿Qué hubiera pasado si Camps hubiera tomado la decisión de dimitir a poco de arreciar el Caso Gürtel? Anímicamente no podía hacerlo. Por eso Thedore Rubín (prestigioso psiquiatra norteamericano) fija hasta 17 bloqueos sicológicos que limitan la toma de decisiones. Quien no decide no se equivoca.

La ansiedad que provoca la toma de esa decisión trascendental, la consiguiente depresión, la caída de la autoestima o la confusión sobre el propio yo llevan a retrasar la decisión. Un psiquiatra de Castellón me contaba días pasados como se incrementan los casos de grandes empresarios arruinados que acuden a su clínica para intentar salir de un profundo bache anímico. No entienden que han llegado a esto porque no fueron capaces de tomar decisiones drásticas en su momento. Pero es que resulta muy duro tomar decisiones porque el entorno presiona a tu valioso yo. José Luis Albiñana ya tuvo que dimitir en 1979 como presidente de la Generalitat por la presión del entorno. Ahora ese entorno (mediático político) y la gestión de la crisis ha forzado la dimisión de Camps. El libre albedrío de las decisiones queda coaccionado por un entorno agresivo que genera ansiedad (Rubín) y afecta a la oportunidad de la decisión.

Tomada la decisión las consecuencias caen en cascada. Hay ejemplos. Pique y Sakira estuvieron ocultando su amor durante meses, siempre abroncados con compañeros y periodistas. Un día decidieron disfrutar del escenario y han convertido sus achuchones en un buen negocio. O la decisión de Mercadona de apostar por las barcas blancas. Parecía que se hundía el mundo y ahora es el único negocio de distribución que crece cada año.

Ahora ya las decisiones le corresponden a Alberto Fabra, que el mismo día de su nombramiento salió a hablar con los periodistas. No es un nuevo talante. Es que no hay decisiones anteriores que le marquen las siguientes. Y lo mismo en las tareas de gobierno. A poco que las estructuras de poder le dejen (o las dome) puede caminar hacia una revisión total del mapa económico y político valenciano. No está limitado por ansiedades. Al contrario. De repente su cotización en la bolsa de la confianza está a rebosar porque hasta el entorno (esta teoría es de Cruyff) quiere alguien nuevo a quien animar.

Es una tarea complicada, pero la oportunidad que genera la decisión de Francesc Camps sitúa al nuevo presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ante la fuente de las oportunidades fundamentales. Incluso también por la decisión colectiva conformada por la necesidad de contar con un liderazgo afectivo que se entregue a la faena sin estar mirando siempre a su espalda. De repente una dimisión puede generar una percepción de esperanza en una sociedad maltratada por la realidad. Es todo cuestión de decisiones oportunas.
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De recortes, copagos y otras amarguras

Escrito por Jesús Montesinos el 16 de Julio de 2011

Está de moda anunciar recortes y copagos para hacer frente a la cuantiosa deuda que tenemos en el comedor de casa, la caja registradora de la empresa y en cada una de las instituciones que conforman el Estado Español. Dicen que así podremos pagar lo que debemos, pero nadie nos asegura que con tanto recorte y el consabido copago acabará nuestro calvario. Al contrario: anuncian nuevas derramas para los siguientes años para las nuevas deudas. ¿Para qué entonces tanta amargura?

Italia anuncia copagos sanitarios de hasta 10 euros por enfermo. Portugal recorta la paga extra de los portugueses con trabajo. El Consell de la Generalitat reduce en más de 1.500 millones el gasto para evitar males mayores. Los catalanes anuncian jornadas más largas de los funcionarios. Y el gobierno al que aspira Rubalcaba propone una tasa Tobin para financiar servicios. Recortes, impuestos y copagos para mantener la maquinaria y pagar la deuda. ¿Pero qué haremos el año que viene cuando volvamos a deber millones? ¿Qué recortaremos

Pero esa fiebre por la tijera también la han sufrido muchas empresas y familias españolas durante los últimos años. Fuera las cenas de fin de semana, no hay viaje de verano, despedidos dos comerciales y el niño que viaje en autobús a la universidad y sin stoks en el almacén aún a fuerza de no contentar al cliente. Hemos refinanciado hipotecas, créditos y adelgazado el negocio. Pero a final de 2011 volveremos a estar moribundos. ¿Para qué entonces tanta tijera? Para hacer una paella hace falta arroz, agua y pollo. Si no le ponemos de todo no podemos venderla.

El IVIE de Francisco Pérez ha preparado para el BBVA un magnífico trabajo titulado “Crecimiento y competitividad” que define la trayectoria y perspectivas de la economía española y en el que queda muy bien reflejada la economía valenciana. Ahí se contemplan las claves que demuestran que solo con recortes y copagos no se consiguen grandes cosas, si todo eso no va acompañado de otras iniciativas. Pérez plantea un cambio en las políticas públicas, cambiar las especialidades productivas, reformar totalmente la educación y las empresas y ajustar el sector financiero. Si no se abordan esos retos, ahora toca tijera y mañana navajazos. Si no hay cambios en la función pública no habrá ahorro de costes y seguiremos siempre con los recortes y necesitando más dinero.

La racionalidad en los costes no se soluciona con más impuestos (el copago) o los recortes cara a la galería. Esos ingresos solo sirven para mantener los disparatados costes. Como dice el IVIE hay que reestructurar las políticas públicas para hacerlas más eficaces y más baratas. Y es obvio que con los modelos actuales de función pública es imposible por horarios, flujos de trabajo y desadecuación con la sociedad. Los costes de Canal 9 (YVV), por ejemplo, se reducen casi a la mitad si el fútbol o la industria audiovisual dejan de vivir de los presupuestos públicos. ¿Por qué hemos de pagar entre todos equipos de fútbol imposibles o industrias inviables? Los ajustes no tienen que afectar a la calidad de los servicios, si no al coste disparatados de los mismos en obligaciones y funciones que no les corresponden.

Como con las empresas. La tendencia de las afectadas por la crisis ha sido recortar los gastos, preferiblemente aquellos que afectan a las ventas y a los nuevos nichos de negocio. Con lo cual bajan gastos pero también ingresos. La conclusión es perversa porque ya no hay solución. Para vender hay que invertir aquí y en los mercados donde hay demanda. Porque para hacer una paella hay que poner arroz, pollo y agua.

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El negocio del turista

Escrito por Jesús Montesinos el 9 de Julio de 2011

El turismo es la tabla de salvación para nuestra maltrecha economía regional. La recuperación de las cifras de visitantes permite concluir que al menos este sector puede darnos alguna alegría. Y sin embargo los datos de los ingresos reales de este sector en la Comunidad Valenciana (Contabilidad Regional del Ministerio de Hacienda) nos dejan un toque de amargura. Vienen más turistas, pero gastan menos, apenas hay retorno de las inversiones y los sectores satélites del turismo (deportes, cultura o construcción) no reciben un euro de ese turista mileurista.

No son nuevas estas cifras. Los ingresos reales del turismo vienen cayendo desde el 2000, según datos del Instituto de Estudios Turísticos de 2010. En la Comunidad Valenciana el año pasado y este volveremos a incrementar el porcentaje de importancia del turismo, pero por caída absoluta de los otros sectores. Y no son ajenas otras comunidades a este descenso que obliga a invertir mucho capital físico para poner un turista en la playa. La rentabilidad aparente que ofrece ese turista es mucha, pero cuando haces un escandallo de los costes finales resulta que aunque el hotel llene, el supermercado venda y los ingleses beban mucha cerveza en Benidorm, al final hay pérdidas en el negocio global. Y alguien tiene que pagarlas.

Históricamente ese déficit ha sido siempre cubierto por la construcción y venta de viviendas vacacionales. Nuestra costa y todo el mediterráneo (incluso Francia e Italia) están llenas de apartamentos que alegremente la gente compraba para pasar dos meses al año. Ese fue el verdadero negocio del turista y sobre el que se asentó un modelo de sol, playa y apartamento. Un triángulo perfecto que nunca obligó a analizar la contabilidad general. Pero ahora ha desaparecido la venta de apartamentos y la explotación del turismo solo puede ajustarse sobre el gasto del turista en el destino. Y el perfil del turista visitante tiene ahora poco recorrido de consumo.

En el Plan de Estrategia Global 2009 y el Plan de Marketing Turístico 2011 que encargó Belén Juste ya se contemplan algunas alternativas. Pero los dos buenos estudios hacen especial hincapié en los formatos para vender nuestro destino, sin aventurarse en la explotación del negocio. Quizá temerosos de replantear un valor que nadie quiere cuestionar. Es como la agricultura valenciana. El valor se le supone pero es una ruina que conlleva el progresivo abandono del campo.

Hay un turista que ya tiene hecho el camino y al que no debemos renunciar, aunque teniendo en cuenta que una oferta barata trae turistas baratos y de escasa rentabilidad. Por eso habrá que buscar formas para que deje un dinero por la utilización de una playa que ocupa gratis cinco horas al día y que cuesta mucho dinero de mantener a ayuntamientos, Costas e Infraestructuras de la Generalitat. O encontrar el retorno de la inversión de ese paseo millonario. O conseguir (ya se está haciendo con la F-1 en Valencia) que el retorno (TIR) se produzca por la marca de la ciudad (magnífico el City Markenting de Valencia ) como referencia para otros sectores.

O buscar turistas de perfil alto que acudan atraídos por el deseo experiencial. La suma de Deportes, Cultura y Turismo en una sola consellería (Lola Jhonson) permite ofrecer un destino cualificado con muy poca inversión. No siempre hace falta el golf. Si tienes oferta cualificada puedes pedir 200 €/dia a un turista que solo te cuesta 150 atender. Buen negocio. Pero si un turista se deja 100 €/dia y cuesta 200 € limpiar playas, llevarle el agua, carreteras, primar Rayanair o la amortización del evento, hemos hecho un mal negocio aunque acudan millones de turistas.

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Hay que preparar el Plan B

Escrito por Jesús Montesinos el 3 de Julio de 2011

Empresas, familias y remolonamente los gobiernos y ayuntamientos le meten mano a los excesos. Unos (los más políticos) con la boca pequeña y los otros (familias y empresas) con las tijeras de podar. Los resultados de los recortes políticos resultan estruendosos y parece que salgan de nuestras tripas. Le meten mucho ruido al ahorro de dos coches oficiales. La austeridad familiar es dura, silenciosa y muy sufrida, aunque suma más que cien comidas de representación. Y los recortes empresariales se apuntan en la lista del paro. Pero bueno: ahí está el apretón.

Pero todo indica que con esto no va a ser suficiente porque no se toca ninguno de los ejes del exceso. Por ejemplo: los grandes del PP y del PSOE plantean la reforma (PP) o la supresión (PSOE/Felipe González) de las diputaciones para eliminar la duplicidad de servicios con los ayuntamientos o la Generalitat en nuestro caso. Y sin embargo tanto Alfonso Rus como Javier Moliner (Luisa Pastor está estrenándose) ya anuncian proyectos que superponen tareas con el ayuntamiento de Valencia o la conselleria de Economía. Abordar este tema es el Plan B.

Porque ya resulta evidente que hay que preparar un Plan B en toda su intensidad. El paro no se recuperará en años, la emigración va a ser un recurso necesario, los salarios van a ser estructuralmente más bajos y el consumo será selectivo. Bajará aún más la recaudación del impuesto de sociedades y, por lo tanto, la recaudación de Hacienda y la capacidad inversora de gobiernos, autonomías y ayuntamientos. Es inevitable porque no hemos tocado ninguno de los fundamentos de la crisis. Y no es malo ese nuevo apretón. Es que hay que imaginarse otro modelo de sociedad donde (como dice Ikea) no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.

El Plan B ya está en el fútbol. El Castellón, el Benidorm, el Alicante o el Hércules bajan ( o bajarán) de categoría, por no decir que están en el umbral de su desaparición. Y no es solo un problema económico (en otro momento eso se hubiera llamado tesorería) y una mala gestión empresarial (siempre hay que encontrar un culpable), es que la afición ha vuelto la espalda a estos clubs aunque muchos digan sentir los colores. Es un Plan B por la vía de la cruda realidad. Como está haciendo Iberia con los recortes porque el público se lo ha llevado el AVE. ¿Qué creíamos? ¿Que habría empleo para el tren y para el avión?

El Plan B es asumir que en estos momentos no todas las ciudades pueden tener un equipo de fútbol en Primera, un aeropuerto ,una parada de AVE o una universidad con cien carreras, master y doctorado la mitad de las cuales no tienen demanda ni categoría siquiera de Formación Profesional. O el derecho a tener en el botiquín de casa una cantidad ofensiva de medicinas. O pedirle al ayuntamiento de mi pueblo que se gaste en toros para las fiestas lo que no puede gastarse tapando la Acequia Mayor. Es muy duro renunciar a lo que entendemos que son derechos fundamentales (incluidos “els bous al carrer”), pese a que la libertad no sale de ejercer los derechos sino los deberes (Kant) .

Asumir los recortes (el paro es el recorte del derecho al trabajo) es una imposición de la deuda que apenas alivia tres meses de hipoteca, pero luego hay que seguir viviendo, pagando el alquiler la casa, la letra del coche y la compra de Mercadona (por eso Juan Roig insiste tanto en que todo hay que cambiarlo). Para esa nueva etapa hay que preparar el Plan B. Es una oportunidad.

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El agridulce placer de ser conseller

Escrito por Jesús Montesinos el 25 de Junio de 2011

El nuevo gobierno de Francisco Camps en la Generalitat Valenciana lanza nuevas figuras al escenario político. Estaban en la penumbra, dedicados a menesteres menos gloriosos, y tras una simple llamada de teléfono han alcanzado el estrellado. El mayor placer para un político. Pero la misma noche de su jura como consellers varios de ellos expresaban la tarea tan dura que tienen por delante en uno de los momentos más difíciles de la Comunidad Valenciana. La vertiente amarga del cargo. Pero pese a todo están encantados.

Y como resulta que si ellos disfrutan de su trabajo y lo hacen bien también nos irá bien a nosotros, ahí van unas cuantas sugerencias para una mejor navegación:

Asuman la gravedad del momento.-Los anteriores se fueron sin querer reconocer la que se avecinaba. Pero diagnosticar seriamente el grado de la enfermedad contribuye a encontrar la mejor terapia. Zapatero ha negado permanentemente la gravedad de la situación y nos ha arrastrado a un pozo sin fondo. Y tengo claro que la ciudadanía asume el apretón si les explican las cosas. Isabel Bonig, la flamante consellera de Infraestructuras, ya dijo en su toma de posesión: “La que se me viene encima”. Pues al loro.

Todo es política.- No hay tecnócratas a secas que apliquen un Excel para gobernar. El asiento en cada columna de gastos e ingresos conlleva una elección política. Enrique Verdeguer, flamante conseller de Economía, viene rodeado de su aureola de experto en exportaciones. Pero incluso en este caso la decisión de primar nuevas apuestas industriales sobre el agotado tejido industrial comporta un criterio político.

El cliente es el ciudadano.- El presidente ya se lo habrá dicho, porque es parte de su estrategia. Un gobierno no ejerce para su partido, la oposición y los medios de comunicación. Su público son los ciudadanos que no están en esas castas que se retroalimentan permanentemente. Por eso Camps ha ganado rotundamente las elecciones. No hay que quedar prisionero del entorno. Incluso se ha roto el manido recurso de consellers de Castellón o de Alicante, aunque amenazan rebeliones hasta en Valencia. Rita no ha quedado muy contenta.

Nuevas maneras.- También les avisó el presidente Camps el mismo día de la toma de posesión. Estamos en una época de gran des cambios que introduce nuevas maneras. Los manidos gestos políticos al uso no son entendidos por ciudadanos, familias, empresas, trabajadores o pensionistas que están padeciendo la dureza de la crisis. El político debe hablar, actuar y gestionar de una manera más fresca. Me sonó espontáneo los juramentos en valenciano de Isabel Bonig y Lola Johnson (Cultura, Deporte y Turismo) porque es su lengua familiar y no porque fuera políticamente correcto. Hay nuevas formas de hacer política.

Soltar lastre.- Esta maldita crisis está llena de oportunidades, pero para ello hay que perder el peso de la púrpura. Ya no hay divinos con presupuestos extraordinarios para gestionar la cultura. Ni hay dinero para hacer un frontón en cada pueblo para contentar a un barón del partido. Hay que meter la imaginación a gobernar, gastar lo que hay que gastar e invertir en lo que se necesita de verdad. Y ese personaje eternizado y endiosado en su púlpito, a la calle.

El liderazgo se gana.- No viene con el cargo o con el coche oficial. El líder en un sector, en un gobierno o en la política tiene que demostrar que lo vale. Y ahora hacen falta buenos líderes que nos echen una mano para salir del atolladero. Los miembros de un gobierno tienen que ser líderes porque convencen al pueblo con su eficacia en la política. Y como eso es lo más importante, sobran las preñeces al uso en la administración o los partidos.

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