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Jesús Montesinos
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Del botellón y otras realidades

Escrito por Jesús Montesinos el 7 de Mayo de 2011

Un padre con un hijo enredado en el botellón de estos días en el Campus de Taronjers (Valencia) anda más que preocupado por su hijo. Y no es por las diversiones de su amado hijo, es que ve como teje botellón con botellón, movida tras movida y suspenso tras suspenso. Y ante la pregunta de qué piensa hacer con esta vida tan golosa, el chaval le contesta que dios proveerá, se hará funcionario o se quedará en casa de por vida. Ni noción ni ganas de enterarse de lo que pasa. ¿Para qué si no tiene futuro? (El 40 % de los parados españoles tienen menos de 30 años).

Peor lo mismo podría haber dicho cualquiera de los miles de turistas que en Semana Santa se gastaron lo que no tenían y ahora no pueden ni pagar el Mercadona. O los que siguen haciendo su vida de toda la vida porque están seguros que ellos no tienen el virus del paro. Hay cinco y pico millones de parados y otros millones que respiran cuando al final de mes paga la hipoteca. Pero según los cálculos sociológicos, un 40 por ciento de la población española no está directamente afectada por la crisis, tienen un riñón bien forrado o han decidido sobrevivir de botellón en botellón.

Esta realidad, afortunada para unos y envidiosa para otros, provoca una brecha entre dos Españas (por no sumarle la de las castas políticas y funcionarios asimilados) que no pueden entenderse. La España del paro, la crisis, empresas con EREs, modelos antiguos de producción, ciudades bloqueadas por sus inversiones fantasmas o universidades sin sentido, frente a una España que tiene sus recursos, empresas internacionalizadas y gente cualificada. Hay un norte y un sur que no es geográfico. Coexisten en un mismo pueblo y un mismo edificio o en el mismo barrio. Y más allá de la incapacidad política por aliviar la situación de los primeros, lo que resulta significativo es la incapacidad de los segundos por plantearse que el tsunami va a arrasarlo todo, incluso a quienes se queden blindados tras sus empleos fijos (¿Hasta cuándo?). En España todavía falta hambre para el necesario cambio sistémico.

El joven del botellón quiere ser funcionario para estar en esa España que percibe como segura. No en vano se presentan 3.000 solicitudes para 24 plazas de auxiliar administrativo en la Diputación de Castellón. Y al mismo tiempo en los foros de inversión que fomentan CEEI o universidades comparecen emprendedores con una edad media de 40 años, porque los jóvenes son frikis o pasan de estas historias. Botellón o funcionarios. Ni siquiera podrán ser empleados de Bancaja la CAM porque desaparecen. Nunca piensan que vayan a ser parados, como ese 40 por ciento de la población que dice no sufrir la crisis.

Pero al final esas empresas saneadas sufren la misma falta de crédito que induce la difícil situación financiera de bancos y cajas. Y la falta de consumo. Y la incapacidad estructural para sanear. La indolencia del sistema jurídico. O las mil trabas administrativas. No están exentos del mal. Por eso aunque los índices de confianza suben (ver panel de expertos de www.knowsquare.com ), la economía no acaba de arrancar. Las realidades superpuestas no se pueden ignorar. E incuso quienes tienen el calcetín lleno no se aventuran a mayores, aunque no quieran juntarse con los contaminados por el virus. El calcetín y el botellón son un buen refugio, porque invocan el efecto placebo.

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Hay más paro porque no se crea empleo

Escrito por Jesús Montesinos el 30 de Abril de 2011

Desde que estalló la crisis en 2008 en España nos hemos metido en cinco millones de parados (sin contar los autónomos sin derechos). Junto con el drama personal y social que esto comporta lo que demuestra es la incapacidad de la economía española (gobiernos incluidos) para generar puestos de trabajo, quizá porque el modelo económico español está agotado y solo da para los que ahora trabajan. Y sin embargo seguimos insistiendo en inversiones tangibles cuando todos los países de nuestro entorno reflotan por el valor que toman las inversiones en intangibles.

Nosotros percibimos la economía a base de infraestructuras. Nuestra cultura de desarrollo ha tenido esta base, quizá porque siempre ha sido una asignatura pendiente. Por eso cuando llegan las campañas electorales se sigue hablando de carreteras, trenes, barcos, aviones, naves industriales y ocupaciones hoteleras como si esa fuera la única magnitud contable para medir la riqueza, cuando en estos momentos tiene más futuro la inversión en aplicaciones del IPad que en componentes para la Ford, por no citar solares y viviendas.

Ocho de las diez empresas más importantes del mundo ya no son fábricas; son industrias o servicios de conocimiento. Y lo mismo pasa en España o en la Comunidad Valenciana. Hemos entrado de lleno en la sociedad del conocimiento, aunque nos cuesta mucho abandonar las varas de medir tradicionales. La inversión en intangibles es la única que genera empleo.

El turismo lo seguimos midiendo en visitas, apartamentos vendidos o aviones llegados, lo que no ya aporta retorno neto en las inversiones de capital físico realizadas. Y sin embargo dejamos sin contabilizar la mayor rentabilidad que tienen los servicios con valor añadido, el ocio intenso o la oferta de espacios residenciales permanentes para turistas de alga gama.

Para diseñar aplicaciones al IPad hacen falta expertos en diseño, marketing, servicios y oportunidades de negocio, que son sin embargo los agujeros más grandes que tenemos en nuestro capítulo formativo. La educación, la sanidad o la investigación son intangibles. Y sin embargo nos preocupa e interesa el capítulo espacial de estos servicios, no su contenido.

Seguimos montando bulla si no hay un colegio en cada barrio, pero nadie entra a valorar cómo dan las matemáticas en ese colegio. El informe PISA sobre la caída de nuestros escolares en comprensión lectora y matemáticas es demoledor y sin embargo las manifestaciones de los padres son por un colegio más bonito.

Jonathan Hoskel, catedrático de Economía del Imperial College del Reino Unido, cuenta en el Blog del IVIE (www.youtube.com/ measuring intangibles) que hasta el aprendizaje es un intangible necesario. Y hasta Ana Maria Matute dijo cuando recogió el Premio Cervantes que “el que no inventa no vive”. Hemos perdido cuatro años, porque para generar empleo hace falta algo más que solares, carreteras, AVE, playas y sol. Hay demasiada competencia en ese terreno y deja poco dinero. Como en otros sectores, el turista del futuro pedirá una paella bien hecha, bien servida en un chiringuito limpio. Todo intangibles.

Nos queda pendiente ese tren que debe llevar los coches de Ford a los mercados europeos, pero no está ni empezada la red de fibra óptica que nos ponga el MIT y sus patentes a un click de internet sin tener que pagar una fortuna a las operadoras o pasarse media hora para descargarse una propuesta de compra. Es todo un cambio cultural, porque seguimos entendiendo inversión como la que se realiza en asfalto, edificios o máquinas y gasto la que llega a educación, sanidad o investigación. Solares y máquinas frente a conocimiento y habilidades. Por eso hace cuatro años que generamos paro y no empleo.

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Salgan al mundo y compitan

Escrito por Jesús Montesinos el 16 de Abril de 2011

Un amigo que se dedica a fabricar cajas de cartón para envasar zapatos, muebles, medias o fideos dice que su negocio va bien pero que se está quedando sin clientes. Cae la producción porque cae el consumo interior. Por eso en cualquier ciudad valenciana florecen todo tipo de convocatorias, seminarios, conferencias o asesorías para promover la exportación. Si usted quiere tener futuro, salga y aspire a vender en todo el mundo. Un principio fácil de decir y muy difícil de hacer desde un tejido empresarial con una media de cinco trabajadores por PYME.

Ante semejante escenario estas semanas he asistido a tres cursos sobre internacionalización. Pura conectividad. Uno organizado por el CEEI para conocer el mercado chino, para el que necesitas siempre un aliado local y un saco de dinero para empezar. Y sin embargo todo resulta más simple si te conviertes en proveedor de una marca que esté dispuesta a asumir esos costes societarios y financieros. Tu cliente no es el consumidor chino, sino el prescriptor. Ya hay muchas empresas en la Comunidad Valenciana que suministran a terceros para ir a China. Las PYME tienen oportunidades de negocio.

En otro de los cursos dedicamos seis horas a utilizar las redes sociales para generar marca y posicionamiento de un producto. ¿Y sirven para algo? Pues no quedó claro, porque los datos de los ponentes hablaban del éxito que supone para Gallina Blanca, Ford o los servicios (convocatoria para conferencias, restaurantes, etc). Están sustituyendo a la carrera a los grandes soportes publicitarios y las web a los catálogos. Pero las empresas españolas no se deciden por su utilización porque no entienden sus beneficios. Un empresario valenciano que utiliza las redes para sus input explica que el 90 por ciento de sus clientes hacen los pedidos por fax o por teléfono. Las PYME no aprovechan esta oportunidad de negocio.

El tercer seminario ha sido el más interesante. Espaitec y la red de parques tecnológicos valencianos trajeron dos días a Kenneth P. Morse, un gurú de las ventas y fundador del MIT, para decirnos que en el mercado internacional hay que vender lo que el cliente pide, esté dónde esté y al precio que tiene el cliente. Dos días dedicados a poner la ambición y la pasión por encima de la financiación. Para vender fuera hay que trabajar más, trabajar más tiempo, a éxito y trabajar más inteligentemente que la competencia. Y nuestro ecosistema ahora es muy lento y caro para ese reto, como dice el presidente de IKEA.

Estamos angustiados, pendientes del entorno político y sin valorar que nuestro estado de ánimo es el que marca nuestro destino. Morse cuenta un cuento: seas león o gacela todos los días tienes que levantarte dispuesto a correr para comer o evitar que te coman. Sal a vender y haz una empresa grande. Una PYME siempre será subsidiaria de las decisiones de otra empresa, por lo tanto tiene que crecer en tamaño. Y para esto necesita talento. Una empresa no saldrá de este embrollo que vivimos si no asume el dueño o el CEO que su agente de ventas es más listo y cobra más que él. Oportunidades para quien asuma como funciona ahora un negocio.

Y lo más interesante de cualquiera de los cursos es que todos acaban inyectando en vena una dosis de moral: ¡Podemos hacerlo! ¡Hemos de conocer el mercado internacional! ¡Y vamos a vender lo que quiere el cliente! ¿Pero cuántas PYME valencianas trabajan para el cliente? ¿O es preferible llorarle al banco o al secretario de Comercio?

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Los violinistas del Titanic

Escrito por Jesús Montesinos el 9 de Abril de 2011

La encuesta del CIS publicada esta semana es el espejo de una catástrofe psicológica. Los españoles no estamos dispuestos a aceptar cambio alguno de nuestro status y nos bunkerizamos en los beneficios disfrutados durante los últimos años. Somos los violinistas del Titanic y nos hundiremos con el barco antes que viajar en chalupa. Por eso las empresas se hunden y en las encuestas del CIS aparece constantemente el rechazo a cualquier cambio en pensiones, ayudas sociales, cotizaciones o fórmulas de empleo, con la fácil excusa de culpar de todo a los políticos.

Por debajo de los mil criterios expuestos sobre el retraso en la edad de jubilación, contabilizar las cotizaciones de becarios o ignorar la necesidad del copago en la enseñanza o el céntimo sanitario en sanidad, subyace un posicionamiento arcaico que niega la mayor. Si mi padre ya hacía alpargatas, por qué tengo que cambiar mi forma de hacer zapatos. No nos gustan los cambios aunque sea imposible mantenerlos. Los buenos violinistas no sabemos nadar contracorriente.

Esa es la catástrofe que indican las encuestas del CIS. Tenemos 4,3 millones de parados (más los autónomos), en solo seis meses han desaparecido las históricas cajas de ahorros, las cámaras de comercio se quedan sin cuotas, los ayuntamientos presentan suspensión de pagos por exceso de gasto y hay gente con tres pisos y dos solares que no puede pagar en Mercadona. Más del 80 por ciento de la población considera el paro el gran problema y otro tanto están alertados por la situación económica. Pero nadie quiere perder su status, como ha pasado en Portugal. Nadie está dispuesto a reconocer que debe cambiar su modo de vida, incluso a sabiendas de que puede ir a mejor de lo que está ahora.

Aún están por hacer las reformas reales que exigen las nuevas condiciones sociales y económicas y nos quejamos de las que solo están anunciadas. Aquí se ha hecho una chapuza con las pensiones y otra con la reforma laboral, pero nos parecen cambios extraordinarios cuando todos sabemos que no hay dinero en caja ni para pagar el interés de los ricos, que siempre ganan. Quedan por cambiar la universidad, la administración, la justicia, la productividad de empresas y trabajadores y una lista infinita, pero nadie quiere que le toquen su saquito. ¡Que pague el Gobierno! ¡Que caiga el maná del cielo!

Los jóvenes “sin futuro” que se manifestaban el jueves en Madrid tienen todo el derecho y la obligación de hacerlo. Si ellos no nos sacan de este sopor nadie lo hará. Pero su futuro ya no pasa por un empleo fijo, apuntarse a funcionarios o hacer horas extras para comprarse un coche. Ahora hay que estar dispuesto a irse a trabajar a Bolivia, China o Rumanía. O montar una tienda con dos amigos en Maisonnave, aprovechando que han bajado los alquileres y los zapatos te los dejan en depósito. Pero nadie les dice la verdad que tiene futuro. El entorno que decía Cruyf puede más que las condiciones deportivas.

Tenemos una hipertrofia de derechos y un déficit de deberes. Camps pide la colaboración de la sociedad civil valenciana para salir adelante, pero esta sociedad primero debe asumir que el buen tiempo pasado ya pasó y ahora toca otro tiempo. Un dato. El Eurostat dice que la maravillosa agricultura valenciana es menos del 2 % de nuestro PIB, mientras que aquí están localizadas el 40 por ciento de las empresas de diseño de videjuegos. Todo está cambiado y hay que aceptarlo en los modelos de trabajo, rendimientos del capital y en lo que fue el Estado del Bienestar.

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El BLOG de una PYME: Autónomos cabreados

Escrito por Jesús Montesinos el 5 de Abril de 2011

Aquí si no das la vara nadie te hace caso. Botín y compañía se fueron a tomar café con Zapatero en la Moncloa y ahora les llaman para hacer negocios en China, comprar medio Portugal o quedarse con lo mejor de la CAM. A las pequeñas empresas y más si somos autónomos no nos hace nadie puto caso. De todos los que esta mañana almorzábamos en el bar del polígono, casi todos nos estamos pensando si pagar la cuota este mes. ¡Y aún se quejan los que tienen nómina y les han bajado el sueldo!

Pero no es que seamos insumisos fiscales, es que no nos llega. Ya hace meses que no cobramos el sueldo y solo nos da para la cuota, pero ahora ni para eso. Aquí no se vende y lo que se vende no se cobra. ¿Cómo vamos a pagarnos un sueldo a nosotros mismo cuando nuestra S.L. no ingresa un euro? Y ni tenemos derecho a paro, ni a suspender pagos, ni a un crédito para circulante. Y ya hemos gastado la hecha de la comunión del niño. El poco dinero que tienen los bancos y cajas lo dedican a sus cuitas y a refinanciar la deuda de las grandes empresas; para nosotros ni agua.

Pues como esta mañana hablábamos en el polígono: así va a crear empleo su madre. Por eso sigue subiendo el paro (y eso que los autónomos parados no estamos en la listas), porque la reforma laboral y todas los grandes cambios no están hechas para crear empleo, sino para contentar a sindicatos y patronales de gran postín. Cuando en mi empresita queremos hacer algo, pues nos vamos a la economía sumergida. ¡A buena hora voy a contratar a alguien si no puedo pagar ni la cuota del seguro!

Y Zapatero se va de rositas, sin que haya solucionado nada de todo nuestro lío. Al contrario. Resulta ofensivo que si los autónomos queremos cobrar paro tengamos que aumentar la cotización. ¡Como si no pagáramos más que un afiliado a la Seguridad Social! Todos en el polígono estamos cabreados. Sobre todo porque nadie le mete mano a esta inmoralidad.

¿Lo hará Rubalcaba? ¿Chacón? ¿Rajoy? ¡Ja! Están en sus líos políticos, solo interesados por sus elecciones y a nosotros que nos den. Y además están seguros que no vamos a mover un pelo. Estamos acobardados. Y bastante tenemos con sobrevivir cada mes.

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Las cajas valencianas ya son historia

Escrito por Jesús Montesinos el 2 de Abril de 2011

Cuando creíamos que con las fusiones frías y otras modalidades de salvación la gran crisis orillaba nuestras cajas, llegan los del Banco Base y ponen a la CAM con las vergüenzas al aire. Y por si fuera poco, en el Banco de España ya reconocen abiertamente que no han acabado las fusiones y contrafusiones entre cajas. Las más pequeñas como la Caixa de Ontinyent tendrán que buscar una asidero, las rurales tendrán que decidirse por CRM o Cajamar y hasta Bankia tiene que dotar más y mejor sus provisiones. Esta crisis no respeta nada; ni la historia.

Pero el mayor temor de todas las cajas (ya fusionadas o por absorber) es que la valoración de sus activos contables está en el aire. La Caixa ya está dispuesta a aceptar un recorte del 20 por ciento en los valores contables de su patrimonio, como tendrán que hacer otras muchas ya camino de ser bancos. Bajarán la valorización de sus activos, bajará el valor de la entidad, crecerá el porcentaje de deuda con el FROB, la necesidad de accionistas privados y por un tiempo no habrá créditos para familias y empresas. Las cajas se están reinventando, desaparecen muchas y en la Comunidad Valenciana pasamos página histórica, en beneficio de los bancos según todos los datos (IVIE).

Hay pues un largo calvario para las cajas. Lo dice hasta el IVIE en su blog www.decigarrasyhormigas.com, en el que Joaquín Maudas reconoce que las cajas han sufrido una falta de diligencia en su gestión, que les ha conducido inevitablemente a esta situación. Las cajas valencianas han sufrido y disfrutado de muchas absorciones y fusiones a lo largo de los años y siempre han aguantado la personalidad y su eficacia, pero el momento actual ya no permite su subsistencia como entes autónomos dedicados a financiar campos de golf, parques temáticos o la compra periódicos.

El sistema financiero valenciano ha tenido buena capacidad de digestión con sus problemas, pero siempre ha buscado fuera las muletas. Por eso Reig y Villalonga optaron por el Banco Central y el empresariado alicantino desde Maisonnave siempre ha cursado con Murcia para hacer frente a Valencia. No es extraño el final histórico de las cajas. Hay que pasar página porque el dinero ya no tiene patria. Y mejor pasar página antes que sufrir mayores vergüenzas como las que pasará la CAM por su peor cabeza y grandes muñidores.

Sin embargo las cajas sufren duramente esta nueva etapa hasta que se diluyan marcas y oficinas. La semana de pasión que vive la CAM con fin sangriento, la cesión del control a terceros que registra Bancaja y pronto la fusión de todas las rurales, son la consecuencia de abandonar su tradicional modelo de acumulación de reservas y meterse por ambición en todos los líos del ladrillo que estuvieran a la vista. Maudas (IVIE) dice que también ha fallado algo más que la excesiva exposición a la construcción. Mucho han hecho por la causa perdida la peculiaridad forma de propiedad (no hay amo que vigile el caballo) y la estructura política de los órganos de gobierno, extremos ya cuestionados por Basilea III.

Via FROB, accionistas privados o capitales extranjeros las cajas han dado por finalizada su etapa histórica, aunque durante unos años convivamos con marcas mixtas. Las grandes decisiones financieras se tomarán en Madrid y el nuevo jefe de riesgos no conoce al impositor de toda la vida. Pero a lo mejor esto permite que, salvado un tiempo para que ajusten sus finanzas internas, podamos pedir un crédito para abrir una tienda o cambiar la fresadora. Ahora no te daban ni los buenos días. Quizá porque todos abusamos demasiado de pedir hasta para la lista de bodas.

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No quiero pagar a Serrat o a la Pantoja

Escrito por Jesús Montesinos el 26 de Marzo de 2011

Hace años la gente de mi pueblo (Vila-marxant) sabía que el alcalde (el tio Paco) apenas tenía presupuesto para un aguacil, asfaltar dos calles al año y blanquear el edificio del ayuntamiento que se caía de puro viejo. Los vecinos vivíamos ajenos a la existencia institucional. Ahora al actual alcalde, Vicente Betoret, le piden más policía local (debe haber unos veinte), un metro hasta la entrada del pueblo y ampliar el pabellón multiusos porque se ha quedado pequeño apenas inaugurado. ¿Está justificada esta hipertrofia institucional? ¿Hacen falta Bruselas, gobierno central, Consell, diputaciones y los ayuntamientos para gestionar la vida de los ciudadanos?

En los últimos años las cinco administraciones han gastado e invertido millones y millones de euros en el efecto placebo ciudadano. La eficacia política se mide por las carreteras, el capítulo 1 (personal) y las llamadas políticas sociales. Y para llegar a esta oferta multimillonaria todas las administraciones se han endeudado hasta las cejas y han tenido que aprender desde restaurar iglesias, montar corridas de todos o manejar el Facebook. Un dineral para contentar al personal.

Pero han llegado las vacas flacas aquí y en Hamburgo. La crisis conlleva una caída en picado de los ingresos por impuestos, tasas y otras recaudaciones y, por lo tanto, una reducción de otro tanto en las transferencias de capital hacia las administraciones. Y las previsiones son peores. El ahorro valenciano ha caído en 3.335 millones hasta fijarse justo en 100.584 millones (-3,2% respecto a 2007), lo que quiere decir que ya nos estamos comiendo nuestras propias reservas. Si esta la situación de nuestros ahorros, imaginen cuál será la de los ayuntamientos. La próxima legislatura se dedicará a administrar miseria. ¡Que duro!

Por eso en mi pueblo y en otros miles de pueblos españoles ya no se pueden hacer pistas de padel o una autovía (ahora piden hasta un AVE a Teruel). La caja está vacía y lo poco disponible hay que dedicarlo a los servicios básicos y la atención social de quien lo necesita de verdad. Pero nos atamos el cinturón en la empresa y en la familia y sin embargo queremos que papa Estado (dígase ayuntamiento o Generalitat) nos paguen hasta la actuación de Serrat o la Pantoja en las fiestas fundacionales.

Es obvio que como siempre estamos en campaña política las inversiones acaban siendo un permanente objeto de discordia y demagogia. Nadie se atreve a negarlas porque saben que el otro acabará denunciando la decisión de austeridad por sus efectos sobre el votante. Una situación perversa, porque Blanco ya sabe que nunca tendrá los 51.000 millones para hacer el Corredor Ferroviario Mediterráneo pero debe anunciar su compromiso o la Generalitat sabe que no podrá hacer el Palacio de Congresos de Calatrava en Castellón pero no puede decirlo. Pues pasado el 22 de mayo llegarán las rebajas.

No hay administración española que pueda atender la cultura de gasto generada en los últimos años. Pero sin llegar a la herramienta estratégica del Boston Consulting Group, apuntan dos fórmulas que se las he escuchado en la misma semana a Alberto Fabra (Castellón/PP)), María José Catalá (Torrente/PP) o José María Angel (L´Eliana/PSOE): austeridad (adelgazar la administración pública) e incorporar la iniciativa privada a los servicios públicos, asegurando la atención gratuita a la ciudadanía. En Catalunya van a vender los hospitales y luego alquilarlos, Blanco busca dinero para financiar el Corredor Ferroviario Mediterráneo y los alcaldes citados escucharán propuestas para hacer colegios y residencias. ¿Por qué tengo que pagar yo la actuación de la Pantoja si me gusta El Cigala?

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El BLOG de una PYME: ¡Estamos solos!

Escrito por Jesús Montesinos el 21 de Marzo de 2011

Y ahora nos vienen con la historia de que todo es culpa de Libia y el terremoto de Japón. Como si fuéramos tontos. En eso es lo que estamos todos de acuerdo en el bar del polígono cuando esta mañana comentábamos lo mal que se están poniendo la cosa. Todos sabemos que lo de Libia es una metedura de pata y lo de Japón nos llueve sobre mojado. Todos estos líos hace diez años solo hubieran sido un telediario y a manifestarse a favor o en contra. Ahora nos cruje del todo. Y a las PYMES nos deja como el solar de la central nuclear japonesa: arrasados.

Entre alimentar a las cajas para que sobrevivan en manos de los bancos, dar de comer a los ayuntamientos y el miedo que aprieta los bolsillos, aquí no hay quien confíe en salir del agujero. Apenas recorremos dos calles, caemos en otro bache. Y como dice el de la nave de al lado, nos estamos quedando sin aliento. Yo me gasté hace meses el circulante, luego el piso que habíamos comprado en la playa, los ahorros de mi mujer, pero ahora ya no tengo para aguantar más. A quien me hable de que en 2012 salimos de la crisis lo crujo a hostias. No llego ni al verano, porque gasto, no vendo y lo que vendo no lo cobro. ¿Crédito? ¿Para qué quiero más crédito si no puedo devolver el primero?

En el bar estamos hasta el moño de escuchar recetas magníficas para salir adelante. Esta mañana en no se qué tele le han hecho una entrevista a un catedrático de mi hijo, el economista, un tal Juan Velarde, que ha escrito con otros un libro que dice “lo que hay que hacer” para sacar cabeza. Pura receta de Arguiñano en una cocina de superlujo. Como otra entrevista que hicieron hace unas semanas en otra tele a uno que con otros noventa y nueve economistas le han vendido otro recetario a Zapatero. Sirven para poco. A lo mejor a la Ford o a Mercadona, pero a los que estamos en el polígono nos dan risa. ¿Qué coño nos hablan de nuevas estructuras económicas si ya nos las hemos comido todas?

Nos han dejado solos a las PYMES. Ahora Zapatero se reunirá con los 50 empresarios más importantes de España, que a buen seguro le dirán cuatro cosas. Pero en el polígono no hay empresa de más de cinco trabajadores y dos de ellos son autónomos. Y los que van a la Moncloa tienen como mínimo dos mil empleados por cabeza. ¿Qué sabrán estos y Zapatero de cómo las estamos pasando las empresas españolas? Y eso que somos los que realmente contratamos trabajadores, que eso lo sabe hasta mi suegra que valora el balance de mi empresa por el jamón que llevo a principios de mes.

Más solos que la una, porque están solo a justificar cobrar este mes y el siguiente a las elecciones. Mientras nosotros ya no podemos aguantar un bache más y se nos descoyuntan las estructuras, que dice otro del polígono. Ya hemos gastado hasta los ahorros para las pensiones. No tenemos pulmón, que se dice, ni para estar en la economía sumergida, que ahí es donde hemos ido todos a parar para sobrevivir. Alguien está aplicando mal las recetas o esas no sirven, porque en lugar de salir del agujero cada día nos enterramos más. Sobre todo porque cunde el miedo. Todo el crédito se lo han quedado las cajas y las promotoras para si mismo. Y el pesimismo es la peor medicina para un enfermo grave. ¿Pero qué vamos a hacer si nos han dejado solos? Peor que un tsunami porque aquí no dejan llorar.

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Valencia me mata

Escrito por Jesús Montesinos el 19 de Marzo de 2011

Entre buñuelos y masclets del día de la crema, ha crecido otra Valencia urbana que se ha convertido en la quinta ciudad más interesante del mundo, según la prestigiosa Loney Planet. Ya no es turismo de paella y sangría, que también hay para todo. Es que esta ciudad ha adquirido un posicionamiento en el turismo urbano de calidad comparado con Nueva York, Delhi, Newcastle o Chiang Mai (referencia cultural en Tailandia y toda la zona).

Pero un puesto de esta categoría en el ranking internacional no puede quedarse solo en el esplendor sorollista de la Malvarrosa o la magnificencia de la Ciudad de las Ciencias, Cheste, la F.1 o cualquier otra derivada de los grandes eventos y atractivos edificios. Esto tiene un efecto limitado. Y a ese reto se enfrenta ahora una ciudad que esta noche demostrará como se puede renacer tras quemar millones (magnífica moraleja para los tiempos que corren).

Lo que hoy ofrece Valencia es el mejor espejo de sus gentes: barroquismo puro y mediterraneidad. No hay otra ciudad en el Mediterráneo que reúna mejor las características sociológicas de este mar. Pasado Sagunto por arriba o el Mascarat hacia el sur empieza otra vida. La Comunidad como tal es todavía una entelequia, pero Valencia ha alcanzado personalidad propia. Algo impensable hace unos años. Como lo es el crecimiento de su área de influencia hacia la conformación en el centro del triangulo Gandia/Requena/Castellón

Pero esta Valencia que se ha construido en los últimos quince años con Rita Barberá al frente (no es ajeno a este momento la ciudad que pensó Ricard Pérez Casado, aunque lo de Calabuig/Alarte sea ahora una broma del mal gusto) está obligada a dos esfuerzos suplementarios para rentabilizar social y económicamente la marca de referencia en la que se ha convertido para el turismo urbano. Primero: generosidad para ser “cap i casal”. Si ustedes son lectores de fuera de Valencia seguro que valorarán que siempre hay que ir a ver a alguien a Valencia y ellos nunca vienen. Como si de Valencia a Castellón o Gandía hubiera más kilómetros que de Gandía o Castellón a Valencia. Por eso en Alicante estallan en Hogueras con el “Puta Valencia”.

Y el segundo esfuerzo es aprovechar la clasificación estratégica para consolidar la marca para referencia comercial. Ahora puede ir un fabricante de Alginet a vender a Londrés y decir con orgullo que la empresa la tiene en Valencia: es marca conocida y reconocida. No solo hay que vender playas, F.1 o la CACSA. Hay que aprovechar cualquier percha para exportar, porque es la única alternativa para salir de esta crisis (y la que viene) que en la Comunidad Valenciana destroza el tejido industrial tradicional.

Mario Weltz, del Fondo Monetario Internacional, decía el otro día en una charla en Business School que la marca Made en Spain está muy desprestigiada. Sin embargo Valencia es una marca reconocida y de Loney Planet es fácil saltar a ser una referencia comercial. Y, por supuesto, aspirar con fuerza a la capitalidad mediterránea, en total competencia con Barcelona.

Es preciso el Corredor Ferroviario Mediterráneo (nadie se cree lo de 2015). Y que este llegue por vía internacional al puerto de Valencia antes de que Barcelona se quede con todo el tráfico de Oriente hacia Europa. Pero para eso no basta con exhibir el ránking de Loney Planet. Hay que vender marca en los negocios, fabricar productos competitivos y atraer capitales para más tiempo que pasarse un día en Las Arenas. Es el gran reto de Valencia para el Siglo XXI después de la crema de esta noche.

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Los deberes pendientes

Escrito por Jesús Montesinos el 12 de Marzo de 2011

Javier Andrés, uno de los firmantes del grupo de 100 economistas que han recetado sobre la reforma laboral, las pensiones y los salarios, declaraba esta semana en Canal 9 (RTVV) que aún queda mucho por hacer para que las estructuras productivas españolas sean realmente competitivas. En la misma semana la encuesta del CIS fijaba la gran preocupación del 84 % de los españoles por el paro, la situación económica y su futuro. Es evidente que aumenta la desconfianza al mismo ritmo que la evidencia de que dejamos para mañana lo que deberíamos hacer hoy.

Los deberes pendientes se nos amontonan mientras la Derbi opta por Italia (¿Qué saben hacer los italianos que nosotros no sepamos?) y un empresario del nivel de Rafael Benavent (Gres de Nules/Keraben) reconoce ante 300 empresarios en Valencia que no estamos preparados para la internacionalización ni para la movilidad laboral (ni empresarial). Javier Andrés también reconocía que si no hacemos esos deberes nunca podremos competir para nivelar nuestra balanza de pagos y nuestra deuda exterior. Hay muchos que están haciendo los deberes con sobresaliente, pero la gran parte de la población española (y valenciana por supuesto) se refugia en el lema de que cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Para qué cambiar?

Los 100 economistas y otros expertos insisten mucho en el capítulo de la productividad, incluso para indiciar los salarios. Pero fundamentalmente porque la escasa productividad conduce a la incapacidad competitiva. Pero no solo es una cuestión de los currantes. Un trabajador puede tirarse veinte horas al día con una gran eficacia tirando de pala, pero bastaría una si hiciera ese trabajo con una máquina excavadora. Cambien pala por máquina de escribir y excavadora por ordenador o habilidades fabriles y ahí tendrán que la productividad también es cosa de la empresa y los directivos. Aquí creemos que competir es solo cuestión de precios y por eso el mercado alemán los ganarán los chinos o los italianos. Es cuestión de producto bien hecho a precio competitivo, única manera de sobrevivir en un espacio económico de estanflación como el que se nos avecina (estancamiento económico con inflación).

Por eso es importante hacer los deberes y no seguir aportado excusas infantiles. Lo decía también esta semana Juan Roig al presentar la cuenta de resultados de Mercadona (398 millones de beneficios en 2010): todavía no hemos asumido que somos pobres y hemos de multiplicar nuestro esfuerzo y aprender a producir mejor a mejor precio. Hacendado al fin y al cabo. Todo un cambio cultural para una sociedad de pillos e hidalgos, digo yo, porque el esfuerzo no solo es el que diga Zapatero (padre putativo de todos nuestros problemas). La regeneración es personal y colectiva.

Por eso Roig insiste en que ¨”lo peor está por llegar” en un claro discurso realista frente al optimismo preelectoral reinante. Y no es que Roig sea catastrofista (los datos de su empresa indican lo contrario) es que pide que la productividad responda al nivel de vida español y que las administraciones tomen las mismas medidas que están haciendo las empresas privadas para salir de la crisis. Muy simple: hacer los deberes pendientes y atender a los clientes. Hasta la propia CEV lo ha vuelto a pedir esta semana a sus empresas asociadas.

Visto esto y los resultados de Mercadona es más que plausible que el presidente de la Generalitat, Francesc Camps, dedicara esta semana un buen rato a hablar de futuro con Roig. La mayor referencia política valenciana con la mejor referencia económica. ¿Asumiremos así que hay deberes pendientes o mejor nos dedicamos solo a vender buñuelos?
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